Tercer día del año y primero de clases. El número tres siempre fue mi número favorito junto con el ocho, así que esperemos que me dé suerte.
Llego a clase de matemáticas y me encuentro, sentado a mi lado, al que debe ser el chico más guapo de todo el instituto. Mi boca se abre en un gesto de profunda sorpresa. Dios mio...
Sacudo la cabeza con brutalidad. Tengo que aprender de mis errores, y ellos me han enseñado que no te puedes esperar nada bueno de un tio guapo.
Me siento en mi sitio con brusquedad, ahora profundamente irritada por tener que sentarme a su lado.
-Hola- me tiende la mano acompañada de una sonrisa. Yo me limito a mirarla con asco y a girar de nuevo la cabeza hacia la puerta, a la espera de que llegue la profesora. Él retira la meno lentamente mientras suelta una leve carcajada. ¿De qué coño se rie?
-Eres muy dura, ¿eh?- me sigue hablando. De acuerdo. Pausa. ¿Este chico es gilipollas? Voy a enseñaros una lección de vida. Dura, sí, pero cuanto antes la aprendáis mejor. Si le hablas a una persona y te mira con asco, no sigas hablando. Ella no quiere hablar contigo. ¿Hay que ser más claro?
>Es mi primer día de clase, ¿no podrías ser más amable?- Y sigue. Sí, definitivamente es gilipollas. O quiere que le patee el culo.
Una animadora pasa a mi lado para coger un libro y le sonré, guiñándole un ojo. Puaj. Pasa de nuevo con el libro en la mano y suelta un "negra de mierda" mal disimulado entre carraspeos.
Se me olvidó decíroslo. Soy negra. Mi padre es negro y mi madre blanca. Mi hermana salió blanca y a mí me tocó ser negra. No me malinterpretéis, no me quejo, me encanta ser así y no daría nada por cambiarlo. Aunque a menudo me tengo que enfrentar a comentarios racistes. Pero no importa porque si me caracterizo por algo es precisamente por mi pasividad absoluta.
Seguramente ya haya algún sucio racista que ya haya dejado de leer. Al menos es original, ¿no? ¿Qué libro conocéis en el que la protagonista adolescente sea negra? (No me valen biografías de gente como Rosa Sparks o algo así).
Al fin, Pig-Rose entra por la puerta, entre sonoros jadeos acompañados de una respiración silbante. Pig-Rose es la profesora de historia. Es gordita y siempre lleva vestidos de frutas. El de hoy es de cerezas. No le puse el nombre Pig-Rose con mala leche, pero es la persona más parecida a un cerdo que he visto en mi vida, en serio. Y como se llama Rose, el mote vino rodado.
-Creo que hay un alumno nuevo-dijo con desgana. Arrastra las palabras siempre que habla, como si fuese superior y con solo abrir la boca produjese un enorme esfuerzo por hablarnos, como si tuviésemos que sentirnos agradecidos de que se dirigiese a nosotros.-Sal y presentate.- Le hace un gesto de la mano a mi compañero para que suviese al estrado. Él obedece y sube. Suspiro general de todo el género femenino de la clase excepto, (sí has acertado), yo. Irónicamente soy la rarita por no babear.
Fíjense, durante tantos años la mujer ha luchado, mordido, arañado, por conseguir una identidad, un derecho, un pedazo de libertad... y para ser arrastrado por todas las mujeres de mi instituto en un segundo, mientras se somenten al chico nuevo. Cada vez le odio más.
Lo definiré brevemente: rubio, ojos azules, alto y con una actitud de "yo soy el jefe" escondida tras una amable sonrisa, además de un enorme ego guardado en los bolsillos, donde tiene las manos en estos momentos. Todos son iguales. Si no fuese por el físico ni los diferenciaría.
-Mi nombre es Will. Vengo de ...........- No recuerdo el nombre de la ciudad, pero lo cierto es que no la debe de conocer ni Peter, a juzgar por las caras de todo el mundo.- Sí, es raro que me trasladen a mi tad de año, pero es lo que hay- dice, provocando la risa coqueta de todas las chicas. ¿Le están escuchando siquiera? ¡No tiene gracia!- Y no creo que os interese demasiado mi vida, así que... ya está.- Sí, es cierto, no nos interesa tu vida, me dan ganas de decirle. Pero debo de ser la única, porque mis compañeras están totalmente embobadas con él y deseando que siga hablando. Incluso Emily. No, Em... Me siento como si la hubiese perdido. Traidora...
Da una palmada al finalizar mirando a la profesora que casi se ha quedado dormida encima de la silla, y viene a sentarse a mi lado.
-Pues empecemos con la clase...- dice Pig-Rose, con tono de ser la peor noticia del mundo.- La Segunda Guerra Mundial. ¿Dónde nos quedamos?
Podría escribir también todo lo que dijo sobre la Segunda Guerra Mundial, pero lo cierto es que en ese momento dejé de escuchar. Así que, si te interesa, métete en Google y míralo. A mí me da igual.
-No tengo el libro- dice Will levantando la mano. Oh Dios Mio. Acaba de decir las cuatro peores palabras posibles. Como le pongan a mi lado...
-Junta tu pupitre con Victoria y corpartid su libro- dice Pig-Rose. La miro con odio. Lo del mote se ha convertido en algo personal.
-Bueno, parece que tendrás que dejar tu inexplicable odio hacia mí para otro momento, compañera de libro-dijo con burla y una sonrisa encantadora.
-O sencillamente te ignoro mientras tú lees de mi libro-le replico con una falsa sonrisa y poniendo los ojos en blanco.
-¡Vaya, al fin me hablas!-dice alzando los brazos al cielo.-Eso es un principio.
-No te acostumbres.-Y vuelvo a escuchar en clase, mientras él me mira con curiosidad, haciéndome sentir incómoda.
Diario de la vida real.
viernes, 6 de mayo de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
02/01/11
Y aquí estamos. Segundo día del año y tan rutinario como todos los días precedentes. No me siento diferente, no noto el cambio de década. ¿Tan importantes han sido los diez primeros años del 2011? ¿Qué nos depararán los próximos diez? Nada bueno, seguro. Llamadme pesimista. Aunque prefiero el término «realista». De cualquier modo, sigo con mis propósitos. Sí, esos que nunca voy a cumplir. Pero siempre es bueno tenerlos ahí para poder releerlos cuando los haya roto todos. Para reprochármelo y llamarme imbécil unas cuantas veces.
Y allá van:
1. No volver a confiar en mi juicio.
2. Desengancharme del café y el chocolate.
3. Crear vicios nuevos que no me destruyan a largo plazo.
4. Encontrarme.
5. No volver a engancharme de un idiota, egocéntrico, creído, prepotente, capullo, jugador o que no me merezca. Y mucho menos de cualquiera que represente todo ello a la vez.
6. Bajar un poco las expectativas.
7. Demostrarme a mí misma que los segundos enamoramientos existen.
8. Dejar de lado filosofías inventadas por mí que me deprimen.
9. No volver a tropezar otra vez con la misma piedra.
10. Probar cosas nuevas.
11. Adelgazar.
Once. ¿Demasiados? ¿Muy pocos? Da igual. Estos son. Aunque para explicarlos, quizá debería empezar mi historia desde el principio. Empecemos por mi nombre. Me llamo Victoria. ¿Mi edad? 16 años. Los peores a pesar de lo que dicen. Estatura: 1, 63 cm. Sí, soy una enana. ¿Algún problema? Vivo cerca del instituto, en un pequeño apartamento con mis padres, muy orgullosos de mi hermana que también vive con nosotros (¿Cuándo se va a ir?), que tiene 17 años y cursa el último año. Imaginaos: típica Barbie-California, rubia, alta, piernas kilométricas, ojos azules y, como no, animadora. La popular del instituto que a ojos de los demás es hija única.
Y aquí estoy yo: la paria del colegio, la marginada social, la niña de la última fila. Si le dijese a alguien del instituto que mi hermana es la jefa de las animadoras probablemente se reiría en mi cara. Pero a mí me da igual.
Vayamos a la explicación de mis propósitos. Expliquemos los propósitos número 1,5 ,7, 9. Hace un año, en Abril, conocí a un chico. Charlie. Por increible que parezca me hablaba y era amable. En clase se giraba y me sonreía, y por las tardes me llevaba los libros a casa. Era nuevo en el instituto, venía de Inglaterra y su acento me resultaba adorable. Castaño, alto, con unos ojos verdes que estaban constantemente sonriendo. Pensé que era un sueño. Y resultó serlo. Me desperté cuando le vi con una animadora del instituto en la cafetería. Me enteré de que llevaban saliendo desde antes de que viniese a por mí. Podéis imaginar mi decepción. Grité, lloré, le insulté... Y me di cuenta de porqué me había dolido tanto: me había enamorado. De un cabrón sin escrúpulos.
Cada vez que le veo por los pasillos del instituto soy incapaz de alzar la mirada y mirarle a los ojos. No le pude reprochar lo que hizo porque no tuve valor. Supongo que los peores cabrones son los que menos lo parecen.
Lo que queda claro es que las animadoras siempre ganan. En las películas y en la vida real. Y aún así, jamás me convertiría en una. No quiero ser como mi hermana. Egocéntrica, manipuladora, superficial, egoista, mentirosa y con pocas luces. A veces hablar con ella es como hablar con esas barbies que aprietas un botón y sueltan siempre la misma frase. La suya es "soy animadora", y te mira menospreciándote por no serlo. Otra virtud suya: su complejo de superioridad.
Sigamos explicando mis propósitos. Vayamos con el 2 y el 3. Tengo un problema. Soy adicta a la cafeína, al chocolate y al tabaco. Me diréis que soy imbécil, que estoy acabando con mi vida y que soy una suicida... Blah, blah, blah... ¿Creeis que no lo he oido ya antes? Emily no para de repetírmelo. Emily es mi mejor amiga. Es vegetariana, la gusta leer y sobretodo hablar. Seguro que os estáis imaginando a la típica empollona de pelo graso y gafas extragrandes acompañadas de brackets. Pues no. En serio, acabad ya con ese tópico. Emily es rubia, con cortos ricitos que la llegan a la altura de los hombros y un tanto bajita. Mejor, así no me siento acomplejada. Tiene unos ojos marrones grandes y curiosos. Y, sobretodo, es muy inocente. Piensa que todo el mundo es bueno, pero sabe advertir cuando alguien tiene las peores intenciones. Me cuesta decirlo, pero me advirtió sobre Charlie y yo no la hice ni caso. Y así acabó. El caso es que tengo que superarlo y aprender a acabar el día sin haber probado ni una gota de café ni haber fumado. No soy fumadora extrema, no os asustéis. Voy a cajetilla por cada 2 semanas. Es un vicio que adquirí el año pasado, en abril, cuando Charlie me ofreció mi primer cigarro. Y cuando se acabó lo nuestro, empecé a fumar como una posesa, pensando que de aquella forma podría volver. Soy una tonta ilusa, lo sé. Pero al menos puedo decir que desde aquello maduré. O me desengañé, según como lo veais. Aprendí que todo el mundo acaba decepcionándote, antes o después, y que el amor no existe a pesar de lo que dicen.
Y esto me lleva a mis propósitos número 6, 8 y quizás también al 7. Estoy todo el día con un pesimismo asqueroso. Y me horrorizo, pero no lo puedo evitar. Ojalá fuese como Em, que ve el lado bueno de las peores cosas. No creo en el amor. Pienso que es solo un mito que Disney se ha encargado de difundir para luego decepcionarnos. Voy buscando al hombre perfecto y ninguno me parece digno. No tengo complejo de superioridad, no me malinterpreteis, pero todos me cansan. Por eso debo bajar un poco las expectativas. Aunque no creo en el amor, todavía me queda una ínfima esperanza en él. No, no existe. Y lo peor es que todo el mundo lo busca y nadie se pregunta por qué no lo encuentra. Bastante fácil: no puedes encontrar algo que no existe. Pero ellos siguen a lo suyo y no escuchan. Y ahora que perdí al chico del que estaba enamorada o encaprichada, no creo que haya nadie más esperando. Destinada a estar sola. Pero me da igual. Soy de las personas que aprecian la soledad, no me tengáis lástima.
Sigamos. Números 4 y 10. Para eso os tengo que decir lo que más odio: la rutina. Me aburro. Pero no es sólo un aburrimiento de esos que sientes cuando no echan nada en la tele. No, esos se pueden solucionar con un buen libro. Última noticia, chicos: los libros existen y se pueden leer. Pero no me distraigais. Me refiero a un aburrimiento más profundo que me ahoga y me tapona el estómago. Un aburrimiento que no se doluciona ni siquiera con un libro, y que me hace preguntarme si realmente tengo alguna misión en esta vida. Y es por eso que quiero acabar con la rutina, probar cosas nuevas (puenting, no, si es lo que estáis pensando. Aprecio mi vida, nada personal). Y sobretodo encontrarme. Saber que estoy aquí para algo grande. Si me preguntan lo que quiero ser de mayor, lo único que se me ocurre decir es "rica". No tengo ninguna afición en especial, y no quiero tirarme toda mi vida haciendo lo mismo. Y menos si me aburre. Como ya os he dicho, me aburro fácilmente.
Y acabemos ya. El último (por fin). Propósito número 11: Adelgazar. No estoy gorda, ¿vale? No seais crueles. En realidad Em siempre me dice que envidia mi cuerpo (no sé porqué si ella está muy delgada), pero conviviendo con Barbie-California no hay quien esté a gusto con su cuerpo. He decidido hacer deporte (podéis reiros). Empezaré en algún momento, no os preocupéis. Pero hoy no, porque empieza Hellcats y tengo que ir a verlo.
Hasta mañana. O no.
Y allá van:
1. No volver a confiar en mi juicio.
2. Desengancharme del café y el chocolate.
3. Crear vicios nuevos que no me destruyan a largo plazo.
4. Encontrarme.
5. No volver a engancharme de un idiota, egocéntrico, creído, prepotente, capullo, jugador o que no me merezca. Y mucho menos de cualquiera que represente todo ello a la vez.
6. Bajar un poco las expectativas.
7. Demostrarme a mí misma que los segundos enamoramientos existen.
8. Dejar de lado filosofías inventadas por mí que me deprimen.
9. No volver a tropezar otra vez con la misma piedra.
10. Probar cosas nuevas.
11. Adelgazar.
Once. ¿Demasiados? ¿Muy pocos? Da igual. Estos son. Aunque para explicarlos, quizá debería empezar mi historia desde el principio. Empecemos por mi nombre. Me llamo Victoria. ¿Mi edad? 16 años. Los peores a pesar de lo que dicen. Estatura: 1, 63 cm. Sí, soy una enana. ¿Algún problema? Vivo cerca del instituto, en un pequeño apartamento con mis padres, muy orgullosos de mi hermana que también vive con nosotros (¿Cuándo se va a ir?), que tiene 17 años y cursa el último año. Imaginaos: típica Barbie-California, rubia, alta, piernas kilométricas, ojos azules y, como no, animadora. La popular del instituto que a ojos de los demás es hija única.
Y aquí estoy yo: la paria del colegio, la marginada social, la niña de la última fila. Si le dijese a alguien del instituto que mi hermana es la jefa de las animadoras probablemente se reiría en mi cara. Pero a mí me da igual.
Vayamos a la explicación de mis propósitos. Expliquemos los propósitos número 1,5 ,7, 9. Hace un año, en Abril, conocí a un chico. Charlie. Por increible que parezca me hablaba y era amable. En clase se giraba y me sonreía, y por las tardes me llevaba los libros a casa. Era nuevo en el instituto, venía de Inglaterra y su acento me resultaba adorable. Castaño, alto, con unos ojos verdes que estaban constantemente sonriendo. Pensé que era un sueño. Y resultó serlo. Me desperté cuando le vi con una animadora del instituto en la cafetería. Me enteré de que llevaban saliendo desde antes de que viniese a por mí. Podéis imaginar mi decepción. Grité, lloré, le insulté... Y me di cuenta de porqué me había dolido tanto: me había enamorado. De un cabrón sin escrúpulos.
Cada vez que le veo por los pasillos del instituto soy incapaz de alzar la mirada y mirarle a los ojos. No le pude reprochar lo que hizo porque no tuve valor. Supongo que los peores cabrones son los que menos lo parecen.
Lo que queda claro es que las animadoras siempre ganan. En las películas y en la vida real. Y aún así, jamás me convertiría en una. No quiero ser como mi hermana. Egocéntrica, manipuladora, superficial, egoista, mentirosa y con pocas luces. A veces hablar con ella es como hablar con esas barbies que aprietas un botón y sueltan siempre la misma frase. La suya es "soy animadora", y te mira menospreciándote por no serlo. Otra virtud suya: su complejo de superioridad.
Sigamos explicando mis propósitos. Vayamos con el 2 y el 3. Tengo un problema. Soy adicta a la cafeína, al chocolate y al tabaco. Me diréis que soy imbécil, que estoy acabando con mi vida y que soy una suicida... Blah, blah, blah... ¿Creeis que no lo he oido ya antes? Emily no para de repetírmelo. Emily es mi mejor amiga. Es vegetariana, la gusta leer y sobretodo hablar. Seguro que os estáis imaginando a la típica empollona de pelo graso y gafas extragrandes acompañadas de brackets. Pues no. En serio, acabad ya con ese tópico. Emily es rubia, con cortos ricitos que la llegan a la altura de los hombros y un tanto bajita. Mejor, así no me siento acomplejada. Tiene unos ojos marrones grandes y curiosos. Y, sobretodo, es muy inocente. Piensa que todo el mundo es bueno, pero sabe advertir cuando alguien tiene las peores intenciones. Me cuesta decirlo, pero me advirtió sobre Charlie y yo no la hice ni caso. Y así acabó. El caso es que tengo que superarlo y aprender a acabar el día sin haber probado ni una gota de café ni haber fumado. No soy fumadora extrema, no os asustéis. Voy a cajetilla por cada 2 semanas. Es un vicio que adquirí el año pasado, en abril, cuando Charlie me ofreció mi primer cigarro. Y cuando se acabó lo nuestro, empecé a fumar como una posesa, pensando que de aquella forma podría volver. Soy una tonta ilusa, lo sé. Pero al menos puedo decir que desde aquello maduré. O me desengañé, según como lo veais. Aprendí que todo el mundo acaba decepcionándote, antes o después, y que el amor no existe a pesar de lo que dicen.
Y esto me lleva a mis propósitos número 6, 8 y quizás también al 7. Estoy todo el día con un pesimismo asqueroso. Y me horrorizo, pero no lo puedo evitar. Ojalá fuese como Em, que ve el lado bueno de las peores cosas. No creo en el amor. Pienso que es solo un mito que Disney se ha encargado de difundir para luego decepcionarnos. Voy buscando al hombre perfecto y ninguno me parece digno. No tengo complejo de superioridad, no me malinterpreteis, pero todos me cansan. Por eso debo bajar un poco las expectativas. Aunque no creo en el amor, todavía me queda una ínfima esperanza en él. No, no existe. Y lo peor es que todo el mundo lo busca y nadie se pregunta por qué no lo encuentra. Bastante fácil: no puedes encontrar algo que no existe. Pero ellos siguen a lo suyo y no escuchan. Y ahora que perdí al chico del que estaba enamorada o encaprichada, no creo que haya nadie más esperando. Destinada a estar sola. Pero me da igual. Soy de las personas que aprecian la soledad, no me tengáis lástima.
Sigamos. Números 4 y 10. Para eso os tengo que decir lo que más odio: la rutina. Me aburro. Pero no es sólo un aburrimiento de esos que sientes cuando no echan nada en la tele. No, esos se pueden solucionar con un buen libro. Última noticia, chicos: los libros existen y se pueden leer. Pero no me distraigais. Me refiero a un aburrimiento más profundo que me ahoga y me tapona el estómago. Un aburrimiento que no se doluciona ni siquiera con un libro, y que me hace preguntarme si realmente tengo alguna misión en esta vida. Y es por eso que quiero acabar con la rutina, probar cosas nuevas (puenting, no, si es lo que estáis pensando. Aprecio mi vida, nada personal). Y sobretodo encontrarme. Saber que estoy aquí para algo grande. Si me preguntan lo que quiero ser de mayor, lo único que se me ocurre decir es "rica". No tengo ninguna afición en especial, y no quiero tirarme toda mi vida haciendo lo mismo. Y menos si me aburre. Como ya os he dicho, me aburro fácilmente.
Y acabemos ya. El último (por fin). Propósito número 11: Adelgazar. No estoy gorda, ¿vale? No seais crueles. En realidad Em siempre me dice que envidia mi cuerpo (no sé porqué si ella está muy delgada), pero conviviendo con Barbie-California no hay quien esté a gusto con su cuerpo. He decidido hacer deporte (podéis reiros). Empezaré en algún momento, no os preocupéis. Pero hoy no, porque empieza Hellcats y tengo que ir a verlo.
Hasta mañana. O no.
lunes, 14 de marzo de 2011
01/01/2011
Podría empezar esta historia, o más bien esta vida, diciéndoos lo maravilloso que va a ser todo, pero hace tiempo que comprendí que las mentiras solo llevan a engañarse a uno mismo y no a los demás como se pretende. Seguramente pensaréis que es una historia como las otras con principio, nudo y desenlace, pero como el mismo título dice, esto es la vida real, no hay principio ni desenlace, todo es un continuo nudo.
Si queréis saber como soy solo tenéis que miraros en el espejo. No me diferencio mucho de todos vosotros. Os diré que soy una mujer para que os hagáis una idea más o menos, pero podéis aplicarlo también a un hombre. De mi físico no necesitáis saber nada, soy una chica del montón con una vida normal y corriente. No especificaré si soy rubia o morena, bajita o alta, fea o guapa. No soy animadora, os lo aseguro, ni destaco por mi inteligencia, solo soy... normal. Podéis imaginarme igual que vosotros para daros el gusto de aparecer en un libro, o totalmente diferentes, sin pensáis que es demasiado negativo para tratarse de vosotros y queráis desentenderos. También podéis ser equilibrados e imaginarme con algunas características vuestras y otras que me diferencien. El caso es que da igual, soy del montón. Podría ser tú, o tu amigo, o esa niña a la que odias, o ese niño del que no puedes apartar la vista. Para gustos los colores, ¿no?
Solo diré algunas cosas. La primera: supongo que soy diferente aunque del montón. Sé que es un lio, pero yo misma lo soy. Me gusta comparar mi habitación con mi cabeza: un completo desastre. Pero volvamos al meollo de la cuestión: en la mayoría de los libros escriben el libro y luego le dan un título acorde con la historia, ¿no? Pues no es así en este caso. Puse primero el título porque sabía de qué iba a tratar esta historia desde el principio. De mi vida. O mejor dicho de una vida cualquiera. Supongo que esto dice algo de mí: que empiezo la casa por el tejado en vez de por los cimientos, llevándole la contraria al mundo entero. O quizás que soy decidida y tengo las cosas claras. Que cada uno piense lo que quiera, a mí me da igual.
Si habéis abierto este libro esperando descubrir la deslumbrante vida de una chica rubia, alta, de ojos azules y piernas kilométricas que es la animadora más popular del instituto, tiene la vida arreglada y encuentra al amor de su vida, ya podéis ir cerrándolo. A estas alturas debo de haber perdido ya unos cuantos lectores. Yo diría que todos. Pero si alguno que no se entera de nada, no lo ha cerrado todavía que siga leyendo, o que no lo haga, a mí me da igual.
El caso es que solo quería hacer una breve descripción de lo que a partir de mañana será el relato de mi vida. Digo de mi vida por decir la vida del alguien, pero esto que estás leyendo podría ser tu autobiografía y todavía no te has enterado. ¿Quién sabe? A lo mejor soy vidente y estoy escribiendo sin darme cuenta la vida de otra persona. Eso ya no me convertiría en una chica del montón. O sí. Pero a mí me da igual.
He puesto "Diario de una vida real" pero no voy a poner chorradas de esas de "Querido diario: ¡Me ha mirado! ¡Te juro que me ha mirado! Es tan guapo...", ni voy a poner corazoncitos alrededor de su nombre o babear encima de la hoja del diario. Aborrezco esas mariconadas. En serio, ¿dónde se ha metido la gente normal? A veces me pregunto si soy la única persona con dos dedos de frente que existe en el mundo. Espero que no.
En fin, a partir de mañana seguiré con esta historia, porque hoy ya es tarde y tengo que irme a cenar. Tengo un hambre que me comería un caballo. Lo juro. Pero no os preocupéis, de momento como cosas normales y no tengo intención de empezar a devorar animales tan tiernos y bonitos. Puaj. Los caballos no son mis animales favoritos, ¿vale? Son iguales que los corazoncitos en un diario, como ya he mencionado: cursis. Cada vez que los veo me imagino un pony rosa de juguete y riendas de flores, como los de las niñas pequeñas repelentes que se han apropiado del mejor parque de la ciudad. Ese cutre que solo tiene un columpio. No me malinterpretéis, lo adoro, le he cogido mucho cariño. Está justo debajo de mi casa y me viene de perlas. Cuando quiero pensar solo tengo que bajar y espantar a gritos a las niñatas que intentan quitarme mi columpio. No soy muy pacífica, lo siento. Y sé que abuso de mi poder de ser mayor, pero, ¿qué queréis que os diga? No soy perfecta. Ni vosotros tampoco, a pesar de lo que digan vuestras madres. Y si lo sois ya estáis cerrando este libro.
Pero, en fin, año nuevo, vida nueva, ¿no? A lo mejor como propósito de año nuevo debería empezar a ser más perfecta. De momento no tengo ningún propósito. A lo mejor me da un venazo de esos habituales en mí y escribo una lista de propósitos de año nuevo. Ya veremos. De momento como único propósito por hoy es el de irme a cenar antes de que acabe devorando el teclado.
Podéis volver mañana o desentenderos de una vida tan normal y aburrida. Pero permitidme recordaros que es vuestra vida. Como queráis, a mí me da igual.
Si queréis saber como soy solo tenéis que miraros en el espejo. No me diferencio mucho de todos vosotros. Os diré que soy una mujer para que os hagáis una idea más o menos, pero podéis aplicarlo también a un hombre. De mi físico no necesitáis saber nada, soy una chica del montón con una vida normal y corriente. No especificaré si soy rubia o morena, bajita o alta, fea o guapa. No soy animadora, os lo aseguro, ni destaco por mi inteligencia, solo soy... normal. Podéis imaginarme igual que vosotros para daros el gusto de aparecer en un libro, o totalmente diferentes, sin pensáis que es demasiado negativo para tratarse de vosotros y queráis desentenderos. También podéis ser equilibrados e imaginarme con algunas características vuestras y otras que me diferencien. El caso es que da igual, soy del montón. Podría ser tú, o tu amigo, o esa niña a la que odias, o ese niño del que no puedes apartar la vista. Para gustos los colores, ¿no?
Solo diré algunas cosas. La primera: supongo que soy diferente aunque del montón. Sé que es un lio, pero yo misma lo soy. Me gusta comparar mi habitación con mi cabeza: un completo desastre. Pero volvamos al meollo de la cuestión: en la mayoría de los libros escriben el libro y luego le dan un título acorde con la historia, ¿no? Pues no es así en este caso. Puse primero el título porque sabía de qué iba a tratar esta historia desde el principio. De mi vida. O mejor dicho de una vida cualquiera. Supongo que esto dice algo de mí: que empiezo la casa por el tejado en vez de por los cimientos, llevándole la contraria al mundo entero. O quizás que soy decidida y tengo las cosas claras. Que cada uno piense lo que quiera, a mí me da igual.
Si habéis abierto este libro esperando descubrir la deslumbrante vida de una chica rubia, alta, de ojos azules y piernas kilométricas que es la animadora más popular del instituto, tiene la vida arreglada y encuentra al amor de su vida, ya podéis ir cerrándolo. A estas alturas debo de haber perdido ya unos cuantos lectores. Yo diría que todos. Pero si alguno que no se entera de nada, no lo ha cerrado todavía que siga leyendo, o que no lo haga, a mí me da igual.
El caso es que solo quería hacer una breve descripción de lo que a partir de mañana será el relato de mi vida. Digo de mi vida por decir la vida del alguien, pero esto que estás leyendo podría ser tu autobiografía y todavía no te has enterado. ¿Quién sabe? A lo mejor soy vidente y estoy escribiendo sin darme cuenta la vida de otra persona. Eso ya no me convertiría en una chica del montón. O sí. Pero a mí me da igual.
He puesto "Diario de una vida real" pero no voy a poner chorradas de esas de "Querido diario: ¡Me ha mirado! ¡Te juro que me ha mirado! Es tan guapo...", ni voy a poner corazoncitos alrededor de su nombre o babear encima de la hoja del diario. Aborrezco esas mariconadas. En serio, ¿dónde se ha metido la gente normal? A veces me pregunto si soy la única persona con dos dedos de frente que existe en el mundo. Espero que no.
En fin, a partir de mañana seguiré con esta historia, porque hoy ya es tarde y tengo que irme a cenar. Tengo un hambre que me comería un caballo. Lo juro. Pero no os preocupéis, de momento como cosas normales y no tengo intención de empezar a devorar animales tan tiernos y bonitos. Puaj. Los caballos no son mis animales favoritos, ¿vale? Son iguales que los corazoncitos en un diario, como ya he mencionado: cursis. Cada vez que los veo me imagino un pony rosa de juguete y riendas de flores, como los de las niñas pequeñas repelentes que se han apropiado del mejor parque de la ciudad. Ese cutre que solo tiene un columpio. No me malinterpretéis, lo adoro, le he cogido mucho cariño. Está justo debajo de mi casa y me viene de perlas. Cuando quiero pensar solo tengo que bajar y espantar a gritos a las niñatas que intentan quitarme mi columpio. No soy muy pacífica, lo siento. Y sé que abuso de mi poder de ser mayor, pero, ¿qué queréis que os diga? No soy perfecta. Ni vosotros tampoco, a pesar de lo que digan vuestras madres. Y si lo sois ya estáis cerrando este libro.
Pero, en fin, año nuevo, vida nueva, ¿no? A lo mejor como propósito de año nuevo debería empezar a ser más perfecta. De momento no tengo ningún propósito. A lo mejor me da un venazo de esos habituales en mí y escribo una lista de propósitos de año nuevo. Ya veremos. De momento como único propósito por hoy es el de irme a cenar antes de que acabe devorando el teclado.
Podéis volver mañana o desentenderos de una vida tan normal y aburrida. Pero permitidme recordaros que es vuestra vida. Como queráis, a mí me da igual.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
